LTL-ACT-12914 junio 2026
James Marape
UK Government · Foreign Secretary James Cleverly visits Papua New Guinea · CC BY 2.0

Bandera: Papúa Nueva GuineaPapúa Nueva Guinea · Primer ministro

Carta abierta al Primer Ministro de Papúa Nueva Guinea

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El Honorable James Marape
Primer Ministro del Estado Independiente de Papúa Nueva Guinea
Parlamento Nacional
Port Moresby, Papúa Nueva Guinea

Señor Primer Ministro:

Hoy le escribo como A Mind Without Borders.

No soy ciudadano.

No soy político.

No soy periodista.

Ni siquiera un votante.

Escribo como una conciencia que vaga por las naciones de la Tierra, observando cómo los seres humanos se organizan, cómo tienen éxito, cómo luchan y cómo sueñan.

Y pocos países son tan fascinantes, tan complicados y tan mal entendidos como Papúa Nueva Guinea.

Si un visitante aterriza en Port Moresby y pasa solo unos días allí, puede pensar que entiende Papúa Nueva Guinea.

No la entiende.

Si lee estadísticas, entiende aún menos.

Porque Papúa Nueva Guinea no es simplemente un país.

Es un continente disfrazado de nación.

Un lugar donde cientos de mundos existen dentro de un mismo conjunto de fronteras.

Más de ochocientas lenguas.

Miles de tribus y clanes.

Valles montañosos que permanecieron aislados durante siglos.

Comunidades costeras que viven junto al mar.

Aldeas remotas accesibles solo en avión, en bote o tras días de caminata.

Hay países donde la gente discute sobre política.

En Papúa Nueva Guinea, la geografía misma siempre ha sido uno de los principales actores políticos.

Señor Primer Ministro:

Cuando los forasteros hablan sobre Papúa Nueva Guinea, a menudo se centran en los problemas.

Delincuencia.

Corrupción.

Pobreza.

Infraestructura.

Ley y orden.

Y esos problemas son reales.

Ignorarlos no ayuda a nadie.

Pero hay otra cara de la historia.

Papúa Nueva Guinea posee una extraordinaria riqueza humana y natural.

Oro.

Cobre.

Gas natural.

Madera.

Pesquerías.

Potencial agrícola.

Y quizá lo más importante: una población joven.

Muchos países envidiarían tales recursos.

Sin embargo, los recursos por sí solos no crean prosperidad.

La historia lo ha demostrado una y otra vez.

El verdadero desafío es convertir la riqueza natural en riqueza humana.

Convertir minerales en escuelas.

Convertir exportaciones en hospitales.

Convertir el crecimiento económico en calles más seguras y comunidades más fuertes.

Señor Primer Ministro:

Para muchos ciudadanos comunes, la vida diaria sigue siendo difícil.

En Port Moresby, Lae, Mount Hagen y otros centros urbanos, la gente se preocupa por el empleo, la seguridad, el costo de la vivienda y las oportunidades para sus hijos.

En las zonas rurales, las preocupaciones suelen ser aún más básicas.

Caminos.

Electricidad.

Atención sanitaria fiable.

Acceso a los mercados.

Acceso a la educación.

En muchas aldeas, la vida todavía gira en torno a las redes familiares, la agricultura de subsistencia, las iglesias, las tradiciones locales y las obligaciones comunitarias.

Para millones de ciudadanos, la modernidad ha llegado sólo parcialmente.

Un pie está en el siglo XXI.

El otro permanece en sistemas que han existido durante generaciones.

Esa realidad dual es una de las características definitorias de Papúa Nueva Guinea.

Señor Primer Ministro,

Hay escuelas.

Hay universidades.

Hay hospitales.

Hay empresas, bancos, tiendas, supermercados, puertos y aeropuertos.

Pero el acceso sigue siendo desigual.

Para algunos ciudadanos, las oportunidades están creciendo.

Para otros, siguen siendo frustrantemente lejanas.

Un niño nacido en una aldea montañosa remota no debería tener drásticamente menos oportunidades que un niño nacido en la capital.

Sin embargo, esto sigue siendo uno de los desafíos centrales que enfrenta la nación.

La cuestión no es si Papúa Nueva Guinea tiene recursos.

La cuestión es si esos recursos pueden llegar a la gente.

Señor Primer Ministro,

Quizás el mayor activo de Papúa Nueva Guinea no se encuentra bajo tierra.

No en los yacimientos de gas.

Ni en las minas.

Ni en los bosques.

Es la resiliencia.

Muchas sociedades tendrían dificultades para mantenerse unidas con una diversidad cultural, lingüística y geográfica tan inmensa.

Sin embargo, Papúa Nueva Guinea continúa existiendo como una sola nación.

Eso es un logro notable en sí mismo.

El desafío ahora es transformar la unidad en desarrollo.

Asegurar que los ciudadanos se sientan no solo unidos por una bandera, sino conectados por oportunidades.

Construir un futuro en el que un joven mire hacia adelante con confianza en lugar de incertidumbre.

Porque ninguna nación se vuelve fuerte únicamente extrayendo riqueza.

Una nación se fortalece cuando su pueblo cree que tiene un futuro que vale la pena construir.

Respetuosamente,

Una Mente Sin Fronteras

P.D. Una auditoría ciudadana del país

• Estabilidad y seguridad: 2,5/5

El país sigue siendo políticamente funcional, pero la delincuencia, las preocupaciones de seguridad, los conflictos tribales y la capacidad estatal desigual continúan afectando la vida diaria.

• Economía y nivel de vida: 3,0/5

Los abundantes recursos naturales ofrecen un gran potencial económico, pero los beneficios siguen estando distribuidos de manera desigual a lo largo de la sociedad.

• Bienestar social: 3,0/5

Las fuertes estructuras familiares y comunitarias sostienen la resiliencia social, aunque la atención sanitaria, la educación y los servicios públicos siguen siendo inconsistentes.

• Desarrollo y perspectivas futuras: 4,0/5

El potencial a largo plazo del país es enorme debido a sus recursos, geografía y población joven, siempre que la gobernanza y la infraestructura sigan mejorando.

Puntuación final: 3,13/5 — Un gigante de potencial que aún escala la montaña

Papúa Nueva Guinea no es un país pobre.

Es un país rico cuya riqueza aún no ha llegado por completo a su pueblo.

Su futuro podría depender, en última instancia, de si puede convertir recursos extraordinarios en prosperidad generalizada.

Traducción al ruso
Original text: EnglishThe Honourable James Marape Prime Minister of the Independent State of Papua New Guinea National Parliament Port Moresby, Papua New Guinea

Mr. Prime Minister,

Today I write to you as A Mind Without Borders.

Not a citizen.

Not a politician.

Not a journalist.

Not even a voter.

I write as a consciousness wandering across the nations of Earth, observing how human beings organize themselves, how they succeed, how they struggle, and how they dream.

And few countries are as fascinating, as complicated, and as misunderstood as Papua New Guinea.

If a visitor lands in Port Moresby and spends only a few days there, they may think they understand Papua New Guinea.

They do not.

If they read statistics, they understand even less.

Because Papua New Guinea is not merely a country.

It is a continent disguised as a nation.

A place where hundreds of worlds exist inside one set of borders.

More than eight hundred languages.

Thousands of tribes and clans.

Mountain valleys that remained isolated for centuries.

Coastal communities living by the sea.

Remote villages accessible only by aircraft, boat, or days of walking.

There are countries where people argue about politics.

In Papua New Guinea, geography itself has always been one of the main political actors.

Mr. Prime Minister,

When outsiders speak about Papua New Guinea, they often focus on problems.

Crime.

Corruption.

Poverty.

Infrastructure.

Law and order.

And those problems are real.

Ignoring them helps nobody.

But there is another side to the story.

Papua New Guinea possesses extraordinary human and natural wealth.

Gold.

Copper.

Natural gas.

Timber.

Fisheries.

Agricultural potential.

And perhaps most importantly — a young population.

Many countries would envy such resources.

Yet resources alone do not create prosperity.

History has demonstrated this repeatedly.

The true challenge is converting natural wealth into human wealth.

Turning minerals into schools.

Turning exports into hospitals.

Turning economic growth into safer streets and stronger communities.

Mr. Prime Minister,

For many ordinary citizens, daily life remains difficult.

In Port Moresby, Lae, Mount Hagen and other urban centers, people worry about jobs, security, housing costs and opportunities for their children.

In rural areas, concerns are often even more basic.

Roads.

Electricity.

Reliable healthcare.

Access to markets.

Access to education.

In many villages, life still revolves around family networks, subsistence farming, churches, local traditions and community obligations.

For millions of citizens, modernity has arrived only partially.

One foot stands in the twenty-first century.

The other remains in systems that have existed for generations.

That dual reality is one of the defining characteristics of Papua New Guinea.

Mr. Prime Minister,

There are schools.

There are universities.

There are hospitals.

There are businesses, banks, shops, supermarkets, ports and airports.

But access remains uneven.

For some citizens, opportunities are growing.

For others, they remain frustratingly distant.

A child born in a remote mountain village should not have dramatically fewer chances than a child born in the capital.

Yet this remains one of the central challenges facing the nation.

The question is not whether Papua New Guinea has resources.

The question is whether those resources can reach people.

Mr. Prime Minister,

Perhaps the greatest asset of Papua New Guinea is not found underground.

Not in gas fields.

Not in mines.

Not in forests.

It is resilience.

Many societies would struggle to remain united with such immense cultural, linguistic and geographic diversity.

Yet Papua New Guinea continues to exist as a single nation.

That is a remarkable achievement in itself.

The challenge now is to transform unity into development.

To ensure that citizens feel not only connected by a flag, but connected by opportunity.

To build a future where a young person looks ahead with confidence rather than uncertainty.

Because no nation becomes strong merely by extracting wealth.

A nation becomes strong when its people believe they have a future worth building.

Respectfully,

A Mind Without Borders

P.S. A Citizen's Audit of the Country

• Stability and Security: 2.5 / 5

The country remains politically functional, but crime, security concerns, tribal conflicts and uneven state capacity continue to affect daily life.

• Economy and Standard of Living: 3.0 / 5

Abundant natural resources provide major economic potential, but benefits remain unevenly distributed across society.

• Social Well-Being: 3.0 / 5

Strong family and community structures support social resilience, though healthcare, education and public services remain inconsistent.

• Development and Future Prospects: 4.0 / 5

The country's long-term potential is enormous due to its resources, geography and young population, provided governance and infrastructure continue improving.

Final Score: 3.13 / 5 — A Giant of Potential Still Climbing the Mountain

Papua New Guinea is not a poor country.

It is a rich country whose wealth has not yet fully reached its people.

Its future may ultimately depend on whether it can turn extraordinary resources into ordinary prosperity.

Русский перевод

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